Viernes, Sábado y Domingo de Surf (I)
Me levanté el viernes temprano, con tiempo suficiente para desayunar y bajar andando a la playa, a esa magnífica playa que tiene Somo.
Más que suficiente, . . . . . hablo del tiempo ya que llegué a la Escuela Cantabra de Surf casi 20 minutos antes de la hora (tenía que estar allí a las 10’00 a.m.). Paseé por la playa y llamé a mi mujer. Recuerdo una frase “. . . . . creo que hoy no habrá clase porque no veo olas”, luego retomaré la frase. Observé las típicas furgonetas surferas aparcadas junto a la playa y . . . . . comencé a ponerme nervioso, mi gran sueño parece que se podría llegar a cumplir, aunque dudaba que fuese ese día.
A eso de las 10:00 a.m. empezó a llegar gente, mucha gente, y muchos chavales. Alguien me preguntó si venía al curso de surf, a lo que contesté que si, facilité mi nombre y comenté de donde venía, de Madrid. Allí nos encontramos unos pocos madrileños más, aprovechando que el viernes era fiesta en Madrid y formamos el grupo que ese día daría clases con Sergio (un tío magnífico y excepcional profesor, al igual que el resto de profesores, pero que por ser mi primer profesor tiene ese algo que quedará grabado entre mis recuerdos para siempre. “Un saludo y un fuerte abrazo para Sergio y para el resto de gente de la Escuela”).
A las 10:30 a.m., ya me había enfundado en el traja de neopreno y recogido la tabla, e íbamos camino de la playa. Jodé, 10 minutos andando hasta llegar al punto preciso, tema de corrientes, olas limpias, etc.
Comienza la clase, y en 20 minutos más o menos ya sabía más de playas de arena, de formación de las olas, de corrientes y de los vientos adecuados (que no tumban la ola) de lo que jamás me había imaginado conocer nunca. Una palabra para el principio, “GENIAL”. Además, en el tiempo que pasó desde que llamé a mi mujer, las olas habían aparecido.
Continúa la clase con temas como la posición de tumbado sobre la tabla, mantener el equilibrio, la remada correcta, la posición de los pies, . . . . . ahora la forma en la que ponernos de pie, paso por paso y ¡¡¡ AL AGUA !!!.
Creo que fue el mejor día de mi vida (después del nacimiento de mis hijos). Mi sueño se había cumplido, no estaba haciendo surf en sentido estricto de la palabra (ni de coña me puse de pie, je, je, je, . . . aunque lo intentaba) pero estaba en el mar, tratando de hacer surf, con las olas del cantábrico, con las olas de Somo, bajo mi tabla . . . . . “INSUPERABLE EXPERIENCIA”.
Por cierto, son dos horas de clase, pues llegando al final de esas dos horas, habiendo tenido que parar a descansar un par de veces debido a mi bajo estado de forma, recordé lo que le dije por teléfono a mi mujer, ya que en aquel momento, sobre mi tabla, pensaba “PERO NO PARARÁN NI POR UN MOMENTO DE VENIR (olas)” . . . . . estaba a la vez encantado con el momento, las olas, el paisaje y las sensaciones, y hasta los mismísimos de la olas, je, je, je, . . . . Cuando acabó la clase no quería salir, quería más, hubiese permanecido en el agua hasta que mi forma física me lo permitiese y más allá, hasta “palmarla” tratando de hacer surf.
En definitiva, ese sueño que tenia que ver cumplido algún día, tan importante y que siempre me había acompañado a lo largo de mi vida, eso que tenía que intentar al menos una vez en la vida antes de morir, ese sueño había llegado.
Ese viernes supe que quería seguir intentándolo de por vida. Ojalá en mi próxima tentativa me ponga de pie y técnicamente consiga hacer surf. El día que lo consiga será seguro una sensación “INDESCRIPTIBLE”, al igual de indescriptible que ha sido todo lo que sentí ese viernes.
Gracias Escuela Cantabra de Surf. Gracias Sergio. Gracias Patricia por permitirme ir. Gracias a todos por darme el mejor día de mi vida.
Próximo capítulo “Viernes, Sábado y Domingo de Surf (II)”

Que ganas tenia de seguir leyendo tu historia, es volver a recordar muchas de las sensaciones de cuando yo empeze a surfear, pero yo empeze sin escuelas y lo que tu aprendiste en un dia a mi me llevó meses. No dejes de escribir, por favor.
po`p`po
hjpp